Neoyorquina adoptiva I

El destino me ha puesto por delante quince días de formación en NY, lo cual está muy bien, siempre y cuando no te pille una nevada ventisquera, que es el caso.

Aunque a las 04:35 hora local me he despertado (y dando gracias porque he batido mi récord de sueño en estos casos), he conseguido volver a dormirme hasta una hora después, momento en que han llegado a mis oídos unos golpes de pala de enterrador totalmente inusuales. Estos americanos, qué ganas de enterrar gente a estas horas. Si cuando esta gente se pone, se pone. El ruido, tétrico e insistente, me ha echado de la cama y me ha llevado primero a la ventana y luego al portátil.

Los golpes de pala procedían de un paisano que estaba tratando de eliminar la nieve de la acera, seguido por otro ser bastante inquietante con impermeable amarillo y que andaba con un saco bastante pesado y de contenido desconocido. El tipo me recordó al destripador de “El último gran héroe”, claro que en cuanto me puse las gafas comprobé que lo que estaba echando en la calle era sal y no restos humanos.

descarga

Bueno, pensé, tampoco es para tanto, tú eres serrana aguerrida, una capita de nieve de la que podemos encontrar en mi pueblo cualquier día de invierno y no pasa nada. Se coge el coche, se va uno hasta el atasco de la A6 y llega tarde simplemente porque dos torpes han clavado el coche en una placa de hielo y se han roto un par de faros y el parachoques. Y punto. En este caso, botines con suela de goma y tacones al maletín para cambiarse y listos. Hasta que con los ojos ya acostumbrados a la oscuridad, me fijé en algo blanco que batía con furia una farola. Era el viento. De viento nada. Un maldito vendaval que arremolinaba los copos desde el suelo hasta donde se perdía la vista. Eso no lo he visto yo en la vida. Agarro el móvil y me quedo ojiplática. Vientos en torno a los 50 km/h.

nieve ny

Empiezo a pensar que el de la pala, en realidad, está entrenando para ir recogiendo guiris cuando caigamos al suelo desprevenidos, según vayamos saliendo de nuestras madrigueras. No sé si llamar a Amazon express y que me traigan un trineo o bien unas palas para la nieve. Aunque me parece que esto de la transformación digital no me va a ayudar mucho en este caso. Creo que un perro sanbernardo me vendría mejor por eso de que me puede arrastrar al otro lado de la acera con ciertas garantías de llegar a la oficina, aunque sea rebozada en nieve.

Que sí, que no sabéis cómo está esto. A ver si me va a pasar como a María Sarmiento, que se fue a hacer pis y se la llevó el viento.

Seguiremos informando, que esto promete.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s