Archivo de la categoría: Licitaciones

Oh, injusticias…

young fank

Las mujeres en modo rebajas sólo somos equiparables a las leonas defendiendo a sus cachorros.

Estaba yo haciendo cola pacientemente para pagar en una de mis tiendas favoritas, con dos señoras más bien mayores delante, especialmente pesadas. Por respeto a su edad, me armo de paciencia y espero mi turno. De pronto, una de ellas, hastiada de la lentitud de la dependienta, se vuelve distraída y mira con ojos desencajados mi captura, un espectacular bolso negro de piel, que he rescatado de las estanterías de rebajas, con cierto asombro por mi parte (juro que ayer no estaba en la tienda, que también pase por allí).

Alborozada, lo señala y comenta con su amiga: “Anda, mira dónde está MI bolso!!!

La miro con cara de poker. “Tu bolso, las narices, es mío y de nadie más”. 

“Es que claaaaaaaro, lo dejé en la caja para que me lo guardaran, y fíjateeeee”.

Claaaaaaro, so torpe. Es que a quién se le ocurre. Mis dedos se crispan sobre las asas del bolso, preparada para defenderlo a muerte. Son dos leonas viejas, pero yo soy más joven y rápida. He dejado el portátil en el coche y con la falta de lastre saldría corriendo igual que Forrest Gump cuando  pierde los hierros de las piernas. Como una bala.

La leona vieja continúa con su estrategia de dar pena, so pretexto de error de dependienta que se llevó su tessssoro lejos de sus garras. Ni a la que asó la manteca se le ocurre dejar esa ganga en la caja de esa tienda -con una hueste de dependientas más bien torpes-.

Pedirme que le ceda el bolso es como pretender apartar a una leona madre del cuello de una gacela para cedérselo a una leona abuela que ha sido más bien torpe. Las narices. Selección natural, honey. Le pongo sonrisita de “ay que pena” y mueca de “qué se le va a hacer”. No muevo un milímetro las piernas de la cola de la caja, ni las manos alrededor de MI bolso. La leona vieja se acerca y acaricia con manos codiciosas la piel de vacuno. “¡Es que es ideal!” (No te jode, claro que es ideal, de hecho es un pedazo compra, ¿porqué te crees que llevo aquí 15 minutos para pagarlo mientras tú te eternizas dando la brasa a la dependienta para que te haga la tarjeta de cliente?) Noto que se me contraen las pupilas y comienza a nacer en mi garganta un gruñido similar al de mi perra si te acercas cuando está royendo un jugoso hueso. Ojito, ojito.

La leona vieja está aparentemente tranquila pero yo no me dejo engañar, sigo en DEFCON 4 mientras merodea alrededor de mi gacela -perdón mi bolso-. Va subiendo el tono ligera pero persistentemente, se le nota la indignación. “Bueno, hoy me ha pasado a mí y mañana a tí”. Las narices. Eso a una leona en plenitud no le sucede, guapa. Llevo media hora merodeando por la tienda cargando con el dichoso bolso del brazo, igual que una leona lleva a la gacela arrastrándola del gaznate durante kilómetros mientras sigue oteando otras presas en el horizonte. De hecho he soltado un guepardo (digo un par de botas) hace poco. “Oiga, que yo lo he cogido de la estantería” es todo lo que le digo. Risitas de “claaaro qué se le va a hacer” (y me importa muy poco tu vida -o ya puestos tu muerte-). No pienso soltar este bolso de vacuno rebajado de 300 pavos a 69 ni borracha hasta las trancas. De mis fríos, putrefactos e inertes dedos mortecinos tendrían que arrancarlo -no sin la ayuda de una palanca de titanio o una cizalla del 9 para cortar los huesos y despegarlos de las asas).

¿Injusticia? No. ¡Selección natural, amiga mía! Que te has confiado en que las hienas de las dependientas custodiaran tu gacela y te han salido ranas. Se han ido a por uvas, como buenas hienas, y una de ellas, descerebrada, ha decidido volver a poner el bolso en las estanterías a merced de las depredadoras. Hale, que no te mereces esta gacelita, que me la llevo ahora mismo a degustarla adecuadamente (mientras miro de reojo los despojos del guepardo, que aún me lo estoy pensando).

Lo que sí es injusticia es lo que pasó en la apertura de plicas de ayer. Nos entregan el listado de empresas presentadas (jolín, pero qué hace toda esta gente yendo a mis anhelados lotes, caramba, es descorazonador.) y vemos una de ellas eliminada por no subsanar la parte administrativa (válgame, pero qué horror, mi vecino y yo meneamos la cabeza, “joer qué faena, la verdad es que ésto le puede pasar a cualquiera”).

La representante de la empresa protesta angustiada. “¡Oiga, que a mí no me ha llegado ningún fax avisando de nada! Hemos tenido problemas de comunicaciones” Se acerca al imponente estrado y le muestran el vil documento. “Pues va a ser que yo tengo aquí un OK del envío. Si usted nos aporta un “failure” en la recepción, podemos revisarlo con la abogacía del estado”. Ya, y con la Santa Compaña. Green Jascut The Grass.

Lo que pocos clientes entienden es que los proveedores de sector público formamos una gran familia. La mayoría tenemos una relación tan tortuosa y complicada como la de suegra-nuera o la de cuñado-cuñado, pero ahí estamos, y nos conocemos todos. Cuando no estamos perpetrando UTEs entre nosotros, estamos birlándonos negocios o al menos intentándolo. Pero caramba, es que hay cosas que claman al cielo y que nos afectan a todos.

Luego, en los cafés de post-apertura de plicas, comentamos la jugada. A ver, jolín. Teniendo la Plataforma de Contratación del Estado, que funciona genial, y donde TODOS tenemos acceso, (al menos los que la conocemos y nos suscribimos a las licitaciones, como es nuestra obligación), ¿cómo envías un fax? Hija mía, pon el dichoso fax (y si te place, una carta manuscrita con pluma de ganso y sellos de lacre), pero ADEMÁS cuelga el aviso en la plataforma que eso nos llega fijo a todos!!! Y encima ganamos en transparencia, legalité y fraternité. Sobre todo fraternité, que si no lo ve la susodicha, fijo que hay algún colega compasivo que se lo comenta. Oye, corazón, ¿ya has subsanado la declaración responsable? Comorrr? Ya… hala, corre a la plataforma, so torpe, y bájate el aviso (y por cierto, maja, me debes una). Y fin del problema. Lo que ahorraríamos en trabajo a los abogados del estado.

Pobre mujer. Eso sí es injusticia.

Y que conste que mi bolso es mío, por justicia y selección natural. Grrrrrrrgggg….

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Rebájame otra vez

cuervo

Dios mío, cuánto daño está haciendo esto de las 50 sombras. El otro día, en yoga. Una criatura joven, fashion y monísima, luciendo modelito zen, recién aterrizada en nuestro vetusto grupo, se quejaba a la profesora de la falta de “efecto” de una asana (o postura) en sus carnes: “Oye, que yo no siento nada”. Las otras diez -de su  misma edad, pero en cada pata- le lanzamos una mirada torva combinada con un “te vas a enterar, que bastante nos cuesta a nosotras arrastrarnos por la esterilla sin rompernos un hueso”. Esta muchacha no es un ser humano, más bien parece una mantis religiosa en postura previa a zamparse un macho de aperitivo. Es imposible que no note nada. Si estuviéramos en BUP, esta criatura hubiera sido vapuleada en el recreo por chulita. Como ahora estas actitudes se califican como mobbing y no como “colleja educativa”, así nos va. Bueno, seamos justos: en mi caso no notaría nada por la falta de riego sanguíneo en los miembros afectados, hasta el punto que me tendrían que llevar a mi casa en ambulancia tras desatascarme la pierna de detrás de la nuca. Las demás nos miramos de reojo conteniendo la risa. Cualquiera en yoga -y más en yoga avanzado- sabe que las asanas no deben molestar -ni mucho menos doler-. Siempre hay alguna modalidad para hacer la postura sin hacerte daño. Otra cosa es que te vayas esforzando a lo largo del curso para conseguir la postura reglamentaria que beneficie a tu cuerpo y a tu espíritu hasta que llegues al nirvana místico o te toque la primitiva, lo que suceda antes. Que un buen euromillones te da una paz interior que te pasas.

Pero doler, lo que viene siendo doler, pues no debe. En otra ocasión, un novato se quejaba a la profe de que tenía agujetas del día anterior. La respuesta fue digna del mismísimo Yoda: Responsable de tu propio cuerpo tú eres. Si dolor te causas, sólo tú el culpable eres. Resumen: si te has roto dos vértebras y ya no podrás sujetar la taza de café sin temblores en la mano izquierda durante el resto de tus días, a mí no me lo cuentes.

La profesora, a la vista de la insistencia de nuestra querida elastigirl en cuanto a que no siente nada, se levanta resignada de su esterilla, acude a donde está la muchacha, le agarra la pierna que tiene estirada en el suelo hacia atrás y se la dobla hasta tocar la cabeza con el empeine, convirtiéndola en un muelle doblado sobre sí mismo, y consiguiendo arrancarle -esta vez sí- un sonoro ¡ay!. Que quería sufrir la criatura, no íbamos a dejarla con las ganas. Faltaría más. Estuvimos a punto de aplaudir con fruición, pero nos contuvimos. Y porque no me dejó a mí, que si no, se entera. Un día la esperaré a la salida, la cogeré de los pelos y me la llevaré a una apertura de plicas atada de pies y manos para que se entere de lo que es sufrir de verdad.

Y os preguntaréis que qué tendrá que ver esto con el título del post. Pues que esto, metafóricamente hablando, es lo que pasa en las sucesivas rondas económicas en una licitación, afición de algunos organismos a la que -sinceramente- deberían darle una pensada porque no beneficia a nadie:

Oiga que su oferta está muy bien pero quiero más rebaja. Leña al mono. Pero mire usted, que esto ya está de aquella manera, y forzarlo más, no lo vemos. Mire que se va a hacer daño. Y revisas el caso económico. Y meneas la cabeza. Y bajas un pelín por eso de cubrir el expediente. Y tus competidores igual. Y vuelta la burra al trigo: Pues gracias, muy amables, pero quiero más bajada. ¿¿Pero porqué?? Y así sucesivamente hasta que la gente se cansa y abandona, no sin dejar la oferta económica en un estado bastante lamentable. Hazlo al revés, hombre; topa el descuento y que gane la mejor oferta técnica. Te aseguras un precio razonable y además se lo lleva el que mejor sepa hacerlo. Al final ponen a uno en la tesitura de tener que enviar al hombre de atapuerca disfrazado de técnico de sistemas, cosa nada recomendable, sobre todo para los servidores. Y uno se retira elegantemente  en cuanto ve el percal y deja que otro -presumiblemente un aprendiz de Grey equipado con máscara de látex y látigo- se encargue de dar / perpetrar / fustigar el servicio. Y suerte tendrán si se queda el que ya está, que al menos los tratará con cariño…

Ay señor… Ommm….

El bueno, el feo y el malo

feobuenomalo

¿Qué pasa cuando en una licitación se presenta poca gente (y así del tirón, te ves aupado a la shortlist)? Pues que pasa como en el póker, si no sabes quién es el primo, eres tú. Algo falla. Algo has hecho horriblemente mal y lo peor es que no sabes qué. En tu entusiasmo por “sé hacerlo y quiero hacerlo” no te has parado a pensar si “debo hacerlo”. Y efectivamente, a veces es que no debiste.

Y llegas a la apertura económica al salón de actos de Cuéntame (entrañables lugares que nos recuerdan la época de nuestra niñez), y te lo encuentras tan desolado que hasta da miedo sentarse por si salta el asesino de la motosierra de detrás del ficus de plástico. Y te instalas allí, con una cierta inquietud, sobre todo cuando en compras te dicen que muchísima gente se ha interesado por el pliego y que al final, sólo se han presentado tres: El Feo, el Bueno (el actual titular de la cosa) y el Malo (descartado por no pasar el corte de solvencia técnica).

Y si sólo queda el Bueno, ¿quien eres? Pues el Feo, obviamente.

Y para remate, el otro pobre ser humano que se te instala al lado y te pregunta amablemente a qué empresa representas, no pertenece siquiera a tu sector. Jolín, jolín. Que aquí van a abrir las ofertas de seis expedientes y esto parece el desierto de Kalahara.

Buenos días, buenos días. Que vamos a proceder a recoger las mejoras económicas de los expedientes del día de hoy. Se me va el color de las mejillas. ¿Mejoras? ¿¿Que quiere mejoras?? Pero si yo no he traído mejoras, sólo el bloc de apuntes y el bolso. Qué me sabía yo que me iban a pedir mejorar nada. Por no traer, ni el portátil. Por Dios, si lo que me pide el cuerpo, acuciado por mi intuición femenina, es retirar mi oferta y batir el récord de los 100 metros lisos hasta el parking. Menos mal que después dicen que van a abrir las ofertas económicas de -entre otros- mi expediente. No ganamos para sustos. Por cierto, y ya que hablamos de sustos, en el SEPE han puesto un desfibrilador en el hall, excelente idea, pero no estoy muy conforme con la ubicación. Tendrían que ponerlo en el sótano, al lado del salón de actos donde abren los concursos. Ahí sí tiene sentido. Que cualquier día nos da un jamacuco a cualquiera de los licitadores, que comenzamos a estar ya mayores. Y si me apuras, los días de apertura tendrían que tener la UVI móvil en al puerta o -al menos- a un bedel con un frasco de sales a mano.

Volviendo al tema del post, en estos casos el malo ya no tiene de qué preocuparse porque lo han echado, y ahora el problema es del Bueno y del cliente, que se han encontrado con un invitado sorpresa al que -en el mejor de los casos- podrán utilizar para bajar el precio. Eso le viene muy bien al cliente y bastante mal al Bueno. O a ambos. Porque una bajada de precio en un servicio que ya de por sí va achuchado no le viene bien a nadie.

Y tras abrir los sobres y ver que de precio estamos por el estilo -pegaítos al tope de licitación cuales gallináceas cobardes- nos indican amablemente que se reservan el derecho a solicitar mejora económica de las ofertas. Ya. Casi estoy por llamarles, “Oiga, mire, devuélvame así de tapadillo el sobre económico, que aquí no ha pasado ná y nos ahorramos todos un disgusto y trabajo innecesario“. Casi que estoy por darles el cambiazo en la mejora y subir el precio…

Bajitas Temerarias

jurassic

No, no voy a hablar de mujeres de talla escasa y nula apreciación del riesgo. Empieza a asomar tímidamente en el sector el tristemente arrinconado concepto de baja temeraria. Eso es bueno. Que se lo pregunten al sector financiero, que se está forrando a base de avales definitivos del 20% en vez del 5%. Cómo lo hará la Banca, que siempre gana. Qué cracks. Esto de la apreciación de temeridad en las ofertas económicas quiere decir que la cosa mejora. Siempre he discrepado con eso de que la oferta más económica es la más ventajosa. Y un jamón. Es la más barata y punto. Si no que se lo digan a determinados organismos que están sufriendo las consecuencias de adjudicaciones “ventajosas”, con analistas senior a tarifa de asistenta (con todo mi cariño y devoción hacia las asistentas, sin las cuales la mayoría de féminas del sector no podríamos vivir). Pero claro, durante los últimos 5 años, a ver quién era el guapo que se presentaba a un concurso público por debajo del 20% de descuento. Bueno si, alguno hubo. Pero lo normal era estar entre el 20%-25%, y si el árbol estaba en un 80-20 bajar del 30% era darlo por perdido. Lo de un 100% precio me parece de traca: Hombre, guárdate algún puntico en la recámara para -a igualdad de ventajosidad- puedas inclinarte por un proveedor porque ya sabes de sus ventajas -o peor aún, de las desventajas de otros-. Que ya nos conocemos todos.

Y cuando digo que el sector está remontando, es por los cambios en un par de índices: el CSC o Cambio Súbito de Corral en todos los ámbitos -gallos, gallitos, gallinas y pollitos- y el QMP (Quiero Más Pasta) en las entrevistas de selección. No hay cosa que me de más pena que un técnico sobresaliente al que se le paga una miseria porque “el sector está así”. Con los peaso CVs que circulan por ahí. Mi esperanza está en que el sector público pase de su tristemente habitual 60 precio-40 técnica a un 60 técnica-40 precio: Se selecciona a la gente que te puede hacer bien el servicio y después que se den de picotazos y que gane el -ahora sí- más ventajoso económicamente. Y veríamos como a igualdad de calidad en las empresas, el factor precio se estabiliza, los servicios van perfectamente y todos dormimos mejor. Rehacer las pifias que un proyecto desastroso deja a su paso es infinitamente más caro que trabajar bien desde el principio.

El truco está en no mezclar churras con merinas: no pongamos juntas empresas solventes con chiringuitos informáticos creados -muchas veces- para la ocasión. Es imposible que compitan en precio, y por supuesto, lo acaba pagando el servicio, o sea, el cliente. Al final de cada tarifa hora hay -entre otras muchas cosas- una persona cobrando un salario, y es la que finalmente paga el pato. O eso, o te montas una solvencia técnica y económica en una fase previa antes de entrar a analizar nada más -Adif y Aena son los amos en esa práctica- y te aseguras la competencia entre iguales. Y no, no dejas fuera a los pequeños, porque si no te importa que estén, puedes graduar las exigencias. Y además, para algo se inventaron las UTEs. Lo que sí puedes intentar con todas tus fuerzas es que aquello no sea un coladero para desaprensivos.

Por otro lado, el verdadero problema en los casos de bonanza sobrevenida no está en la dotación del año uno, sino en la continuidad del año 2 y sus posibles prórrogas. El sector se estabiliza -buenas noticias- y los técnicos quieren recuperar -con toda la razón- su poder adquisitivo -no tan buenas-. Lo que sucede es que la adjudicación está hecha con unas tarifas inamovibles, y cuando las vacas gordas se ven en el horizonte, la cosa se complica: Buenos días buenos días. Que en el corral de al lado me ponen más pienso y además el agua es de Vichy. Jolín. Venga, pues te igualo la ración y como no tengo Vichy te pongo unas chuches. Vale. Día siguiente: Oiga, que a ver qué es ésto, que yo curro lo mismo que Juanito y él tiene chuches y yo no. Y ya tenemos el corral alborotado. Y con razón. Estamos normalizando el sector, se sufrirá un par de años por este motivo, pero al menos se valorará un buen servicio, se quedarán las empresas serias y se limpiará el sector de oportunistas y explotadores. Que como decían en Parque Jurásico… la vida se abre camino…

Cardos, PMOs e infraestructuras críticas

cardo

Sólo a mí se me ocurre. Doblete de licitaciones a vuelta de reyes más la elaboración de cardo con lomo para nochevieja. Lo de las licitaciones no tiene mucho remedio, han salido así y es lo que hay. El año pasado por estas fechas también anduve entretenida con cierta licitación de ciudades inteligentes, y el anterior con otra peripecia relacionada con cierto organismo cuyo core business consiste en entregar cartas. Bueno, y en verano andaba de calls debajo de las sombrillas de Puerto Banús armando una solvencia post-adjudicación. Lamentable. Pero el sector público es así, y el que no lo quiera, que no licite, que no es obligatorio.

Pero en esta ocasión me he complicado la vida yo solita. Ya me lo decía el frutero ya. ¿Cómo que quieres un cardo? Si, un cardo. Que lo voy a guisar con lomo al estilo de mi tierra (se suele hacer en nochebuena, pero preferí currarme unos canelones de pescado y destruir una sopa de calabaza por el viejo método de hacerla la noche antes y dejarla en la cocina todo el día. Ahora lamento no haber hecho una foto cuando quité la tapa de la olla, porque hubiera ido directa al National Geographic o al Instituto Pasteur) Pero tú sabes lo que es pelar un cardo, me decía. Claro que lo sé, pues anda que no he pelado yo cardos. De pronto me vengo arriba y me erijo en la Máster de los cardos y de su tratamiento. Conozco toda la cadena de suministro del cardo, y su ciclo de vida completo, hasta los he transportado en tren y en avión de Madrid a Vigo, que casi hasta me hacen pagar billete adicional por el maldito bicho. En cuanto a la trabajera de pelarlos y cocerlos, creo que todavía tengo marcas en las manos -los guantes para las que los quieran-. Si Dios los hizo para que los comieran los burros, por algo será. Recuerdo que mi pobre madre (que no es que haya muerto, es que es pobre), nos cogía por banda la noche antes de nochebuena, y casi recién desembarcadas del avión mi hermana y yo, comenzaba esa grata tarea del pelado del cardo, sólo equivalente a hilar una oferta de oficina técnica de proyectos en entornos de infraestructuras críticas.

Y así me veía yo, con el cardo sin cocer a las 9 de la noche anterior a nochevieja, entre el sobre de solvencia técnica a medio vestir y con la oferta técnica sin armar. Al menos la parte económica y administrativa está hecha, tengo unas cracks de compis que no me las merezco. La última vez que ví algo de infraestructuras críticas fue allá por el 2008. Tengo que desempolvar material y darle cuatro o cinco vueltas, a ver si se me ocurre algo que tenga sentido, y hacer ese ejercicio mental mientras limpio un cardo sólo puede desembocar en un dedo menos o en una oferta bastante lamentable.

Y el frutero insistía. Pero tú estás segura de que quieres que te encargue un cardo. Si, y bien grande -me fui creciendo-. Me miró con esa expresión indescriptible que sólo se da entre dos pistoleros a punto de acribillarse mutuamente. Con una miajita de cachondeo me responde, pues nada, nada, bonita, que yo te encargo el cardo más enorme que haya en Mercamadrid (y hasta te regalo la carretilla para que lo puedas subir al coche y llevarlo a bautizar a la iglesia)

Y andaba yo esta tarde a eso de las siete y pico, revisando a ver qué demonios perpetraba con la solvencia técnica de la dichosa PMO (de la oferta técnica ya me ocuparé mañana, como escarlata ohara), cuando de pronto comprendí que era materialmente imposible encajar el objeto “cardo” en el apretado project de licitaciones y obligaciones navideñas familiares. Comenzaba a agobiarme la idea de entrar en la frutería como “Solo ante el Peligro”, y encontrarme con un cardo de tal calibre que no sabría bien si cocinarlo o adoptarlo.

Y conociendo al frutero, iba a cumplir con creces su amenaza. Cocer o no cocer, esa es la cuestión. Tras una breve consulta con la máster de los cardos -o sea, mi madre-, y convencida ya de la inviabilidad de mi planning inicial, acudo al supercor dispuesta a hacerme con cuatro frascos de cardo cocido de Gutarra, que es lo que me recomienda la consultora senior para estos casos. Casi se muere de risa. Que dónde vas pelando cardos, hija. Que desde que existe el cardo de Gutarra, la que sufre es porque quiere. Y debe ser que estaba de Dios, porque me llevé los últimos cuatro frascos que había -y encima de oferta-. Eso sí, se me ha caído un mito.

Mañana tendré que llamar al frutero, apearme de la burra, anular el pedido o bien -si ya es demasiado tarde, cosa que sospecho- llevármelo, plantarlo en la dehesa para que se lo coman las vacas, o intentar cocerlo y montar una fábrica de producción de cardo cocido. Quién sabe. Seguro que se me da mejor que el itil.

En cualquier caso, felices cardos, que tengáis una estupenda entrada en el 2015 y que os traigan muchas cosas los reyes.

Mas Leyes y Principios…

… de los Concursos Públicos.

(Hay que ver, que uno piensa que ya está todo dicho y no…)

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1) Si tienes que modificar el importe de la oferta económica a última hora, lo conseguirás. Pero con las prisas olvidarás cambiar el importe en letra (Ley de Bonzo) O actualizar el IVA (Corolario de Hara Kiri)

2) Al hacer una oferta por el Concurso 26 de patrimonio olvidarás truncar el excel para que calcule las tarifas sólo con dos decimales (Ley de Hamá Cuco). Y te darás cuenta esa noche mientras duermes (Teoría de María Angustias de todos los Insomnios)

3) Dos días antes del tope de licitación, el organismo enviará las respuestas a las preguntas de los licitadores. Y tendrás que rehacer la oferta técnica (Ley de Miraque Losabia). Y el excel del caso económico (Teorema de Teló Dije).

4) La conversión de word a pdf hará que tus preciosos gráficos y dibujos no se vean bien o salgan en color negro (Teorema de Tamariz). Las posibilidades de que lo descubras revisando el CD con la oferta son de un 65%. Las posibilidades de que ni te enteres, de un 80% (Ley de Happy Soul).

5) Las posibilidades de olvidar actualizar el índice de la oferta la mañana de la entrega son del 95% (Ley de Akí Notá). Las de olvidar quitar el control de cambios de un word, de un 75% (Teoría de Yono Hesío).

6) Si el máximo de páginas para la oferta técnica es de 50, al convertir a PDF, en la versión definitiva serán 52 (Estudio de Bread & Fishes) Tendrás que eliminar algo y será de aplicación al 100% la Ley de Akí Notá.

7) Las etiquetas de CD aumentan su pegajosidad conforme se acerca la fecha de entrega (Ley de Imedio). Las posibilidades de pegarla en la cara equivocada aumentan exponencialmente la mañana de la entrega (Ley de Tastonto). Si es el único CD que te queda, son del 110%.

8) Cuanto más sencilla haya sido la negociación de condiciones económicas de la UTE, más posibilidades hay de firmar el acuerdo a última hora por discrepancias entre los abogados (Teoría de Corleone).
Dedicado a Elisa

Leyes y principios de los concursos públicos

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1. Cuanto más tiempo tengas para confeccionar la oferta, más posibilidades tendrás de presentar a última hora (Ley de Tie Jones Lacosa).

2. Si la oferta se presenta un lunes como plazo tope, tienes un 99,99% de probabilidades de currar el fin de semana (Ley de Finde Jodido). Y las noches (Principio de Tan-Dao-Bien). Y los puentes (Corolario de Prin y Gao)

3. La mañana de la presentación, Legal encontrará un problemón de tamaño épico que impide la presentación (Teoría de Lex Atin)

4. Si tienen que enviarte la oferta en ficheros voluminosos, no pasarán el cortafuegos (Ley de Lotus-Kaspersky). Ademas, tu buzón de correo se irá llenando con los intentos y cuando envíen la versión definitiva no habrá forma humana de que entre en tu buzón (Ley de Noah Llegau y Corolario de Akino Cabená). Si te envían algo en formato .rar, no tendrás el programa (Ley de Mandaco Hones). Además, las normas de seguridad impedirán que puedas bajarte nada que pueda resolverlo (Axioma de Ketecrés Mulisto)

5. Al imprimir la oferta técnica definitiva, la focotopiadora se obstinará en no sacarla (Teorema de Xerox), se quedará sin toner (Ley de Canon), cortará la impresión a la mitad (Principio de Ricoh)  o se quedará sin papel (Axioma de Galgo).

Cuando vayas a buscar papel por toda la empresa no encontrarás ni una triste resma (Principio de Oso Dioatodos). La posibilidad de encontrar tóner a las 4 de la madrugada se establece estadísticamente en un 0,5% (Ley de Bajá Al-Sotano) o bien estará bajo llave (Corolario de Porsilos Cacos)

6. La idea más brillante y luminosa de la oferta técnica te llegará en la fase de ensobrado y a punto de salir corriendo hacia el cliente (Principio de Green Jascut-Thegrass). O bien alguien te enviará algo que ineludiblemente tiene que ir en la oferta y con la pretensión de que se incluya (Ley de Yun-Ham-On)

7. Si la encuadernadora se rompe, será justo cuando vayas a encuadernar la oferta (Ley de Ikea Goyoaora). Cualquier intento de encuadernación pasadas las 2 de la madrugada tiene un porcentaje del 80% de realizarse de forma incorrecta, bien sea por perforar el lado equivocado (Principio de Eyes Wide Shut) o por obstruir definitivamente la máquina inutilizándola (Axioma de Laelía O’Parda)

8. Las probabilidades de caída de Wifi aumentan exponencialmente conforme se acerca la fecha de entrega de la oferta (Ley de Sin-Wi-Fi) Cuando queden dos horas, las probabilidades son del 90% (Ley de Aki Yanoentraná)

9. Si estás currando en la oficina de madrugada y sales a hacer cualquier cosa fuera de tu planta, te dejarás dentro la tarjeta de seguridad y no podrás volver a entrar (Principio de Wilma)

10. Cualquier fallo en la oferta económica se descubrirá cuando la estés revisando por última vez (Ley de Nopueser). Y una vez firmada (Principio de Estano Lacuento).

11. Cualquier intento de desgrapar un documento degenerará en la destrucción del mismo (Ley de Staples)

12. La probabilidad de que un disco duro se caiga está en proporción directa al importe máximo de licitación y a la complejidad de la oferta (Principio de Giga Chungo)

13. Si aceptas ayuda de última hora para ensobrar la oferta, las posibilidades de error aumentan un 25% (Ley de Largo Daquí)

14. El documento que pensabas que estaba firmado no lo estará (Ley de Potter) o le faltará el sello (Teorema de Dumbledore)

15. La densidad del tráfico será inversamente proporcional al tiempo del que dispongas para entregar la oferta (Ley Inexorable de Dalí), y las posibilidades de sufrir un pinchazo aumentan directamente a la prisa que tengas (Principio de Pirelli). Si además estás fuera del casco urbano, las posibilidades de avería se multiplican por dos (Axioma de Aurgi) o por tres si tu coche tiene más de 5 años (Ley de Midas)

16. Si eliges ir en taxi, la lentitud del taxista será inversa al tiempo que te quede para entregar (Ley de Arran Kaluispordios)

17. El securata que habitualmente te deja meter el coche en el parking del cliente sin problema, sufrirá una mutación a sociópata redomado sin corazón de forma directamente proporcional a la prisa que tengas (Ley de Hulk) Las posibilidades de encontrar parking la mañana de entrega de una oferta son de un 2%,y la actividad de las grúas aumenta un 75% (Teoría de Botella-Gallardón)

18. Cuando vayas a entregar la oferta con el tiempo pegado al culo, te encontrarás una cola de proveedores con la misma prisa que tú (Teorema de Hito Stagente)